Portugal - Ría Formosa

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Ría Formosa está formada por un largo brazo de arena y mar de 60 kilómetros de largo extendido por toda la costa del sotavento algarveño. Un enorme laberinto de agua, islas, esteros, ojos, caños, rías, dunas y playas simultanean los influjos atlánticos y mediterráneos, con una situación geográfica y una diversidad biológica excepcionales.
Dos penínsulas y cinco islas ganan al mar sus glebas arenosas, agolpadas en un cabo que mece la trama de sus perfiles al compás de las mareas. Las láminas de agua se hacen tierra para volver a ser agua y crear paisajes volubles que marcan el calendario de este parque natural moteado de personajes emplumados.
No hay que dejar de hacer una excursión por alguna de las islas, para lo que se toma alguno de los barquitos que desde el puerto de Faro y Olhao acercan a los visitantes. La isla de Barreta o Deserta es una de ellas, a la que se llega tras un paseo en barco por los canales de la ría; en ella será fácil observar gaviotas patiamarillas y reidoras junto a ostreros, charrancitos y varias especies de garzas.
Además del patrimonio natural que posee, Ría Formosa tiene en su haber los testimonios históricos y culturales de la ciudad de Faro, capital del Algarve. Aunque tuvo que resurgir de sus cenizas tras el terremoto de 1755, aún quedan pruebas de su antiguo esplendor.
La zona sur de la ciudad, más cercana a la ría, acoge los barrios viejos y la mayor animación cultural, y entre ellos destaca el barrio de Vila-Adentro, que se mantiene guardado entre los restos de la muralla romana que antaño protegía la villa y al que se accede por el preciado Arco da Vila. Desde aquí, por la Rua do Municipio, se asciende hasta el Largo da Sé, con la catedral y el palacio episcopal como edificios más notables de la ciudad

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