La ubicación de Oporto, al norte del país, consigue que sea un destino menos visitado, eclipsado por la siempre poética Lisboa, el glamour de Estoril, las soleadas playas del sur en el Algarve, o la piadosa visita a Fátima. Del mismo modo que en Lisboa con el río Tajo, la urbe de Oporto queda divida por un gran torrente, el Duero, -aquí denominado Douro-, que separa dos ciudades en dos orillas. Otro paralelismo con la capital lisboeta es que un caudaloso río encuentra la antesala del fin de las aguas dulces, la desembocadura que abraza el inmenso Océano Atlántico, tras un cauce de más de 900 kilómetros. Pero además del carácter que imprime el Duero a la ciudad, también destaca su coqueto casco antiguo, que trepa escalonadamente una colina desde la orilla del río, surcando un recorrido por callejuelas estrechas, algunas con carácter humilde y decadente, en cuyos altos se encuentran una variedad de miradores al río. Muchas de estas terrazas coinciden en los más importantes monumentos, como la Sé o Catedral, pero sin duda algunas de las mejores vistas se contemplan en la cúspide de los elevados puentes que sortean el torrente.
De vuelta al puerto de la Ribeira, no puedes dejar de lado un crucero en las enormes réplicas de rabelos por el río Duero, una experiencia imprescindible para completar el paso por este ambiente marinero añejo y de la cultura del vino. En el puerto parten casi cada hora travesías de unos 50 minutos que llegan hasta la desembocadura. Un recorrido que pasa por debajo de los puentes históricos y modernos, que tiene un precio aproximado de unos siete euros.
El recorrido ofrece una panorámica inigualable de toda la ciudad antigua, puentes de varias épocas, así como el perfil de las enormes bodegas, mientras en la senda acaricia la brisa del río al pasajero y se puede vislumbrar el abrazo natural de la desembocadura del río con el gran océano.
Para los amantes de estas expediciones fluviales, las navieras ofrecen distintas posibilidades, de una jornada, incluso de varias noches, alguna de ellas alcanza la mismísima frontera española, con tarifas diversas.